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La hiperfilosofía es un modo de pensamiento, cuya elaboración horizontal, interconectada y colectiva ha sido provocada o facilitada por las nuevas tecnologías hipertextuales [o nuevas tecnologías de comunicación e información (NTCIs) ] desplegadas en la red.
En principio la hiperpolítica se entiende como la política de la era de la globalización y la cibercultura. Es la política incipiente del presente y del futuro próximo. Es la primera política para los últimos hombres.
Es la política de los ciudadanos organizados, no políticos, pero tampoco apolíticos. Es libertaria, flexible y contestataria. No teorizada o convertida en ciencia (todavía). Es la política más allá de las ideologías políticas clásicas, del pueblo no convertido en masa, de momento, de la izquierda alternativa, de la alterglobalización.
Es la política de la sociedad de la información. Sociedad más creativa, igualitaria y participativa, que entiende los problemas de un modo en el que la política convencional resulta insuficiente.
La hiperpolítica surge como respuesta a la crisis de la política actual, a la crisis de la democracia representativa. Reflejada en la abstención creciente en los procesos electorales, la ausencia de posturas políticas o ideologías realmente diferentes, el economicismo creciente y la opacidad de la labor de nuestros gobiernos actuales.
Es en este contexto, cuando comenzamos a percibir prácticas políticas que pretenden devolver a la democracia su sentido original, aunque sea al margen de las formas establecidas. No como un movimiento regenerador, sino como otra visión paralela, complementaria.
Este paralelismo da pie al concepto de quintacolumna. Concepto que originalmente surge durante la Guerra Civil Española. Cuando las cuatro columnas del ejército franquista avanzaban hacia Madrid, capital sitiada, se habló de una supuesta “quinta columna”, compuesta por espías y saboteadores reclutados entre la población civil que actuaba en el interior de la ciudad. Su trabajo era la agitación, el espionaje y todo tipo de acción subversiva, y su medio de acción favorito era la radio. Cualquiera podía ser un quintacolumnista encubierto, capaz de poner en riesgo el control de la ciudad y abrir las puertas al enemigo exterior.
La interpretación que a nosotros nos corresponde no es precisamente la anterior, a no ser como apropiación quitacolumnista de la historia, precisamente, para darle un giro subversivo.
El quitacolumnismo digital ha de ser entendido en términos actuales. Ya no existe un adentro y un afuera, todos compartimos el mismo mundo. Ya no hay dos bandos opositores, aunque existen todavía tiranos, pero en cierta medida los tiranos somos cada uno de nosotros, al aceptar el orden actual sin cuestionarlo, al mantenerlo con nuestro voto o nuestra obediencia sumisa.
Pero tampoco vivimos en un escenario donde sea posible la revolución clásica, donde podamos invadir el palacio o rebelarnos como proletario explotado. Nuestra labor más bien consiste en vivir cotidianamente de manera quintacolumnista, con una ética comprometida, una sensibilidad humanista y un sentido comunitario, arriba del individualismo.
El quintacolumnismo empieza por cada uno de nosotros, los ciudadanos, desde la esfera que nos corresponda. Estudiante, profesor, ama de casa, artista, gobernante, constructor, creyente y ateo. Como activista en la calle y en la web, expandiendo la rebeldía, el cuestionamiento, generando las nuevas instituciones hiperpolíticas.
Investiguemos los problemas y propongamos soluciones, abandonemos políticas insostenibles y hagamos uso de las herramientas quintacolumnistas:
-La utilización alternativas de las NTCIs. Internet y teléfonos celulares, para la transmisión de una comunicación horizontal, coordinar prácticas políticas como manifestaciones y demostraciones públicas.
-La contrainformación. Proyectos, foros de discusión, blogs y otros dispositivos digitales para formar una opinión política alternativa. Así como la utilización coordinada de varios medios de comunicación alternativos, como las agencias de noticias autogestionadas y no controladas por los grandes grupos.
-La cibercultura libre. Sistemas tecnológicos comunales, de acceso universal y elaboración colectiva, como el software libre, el wireless comunitario y el copyleft (Creative Commons, Wikipedia, General Public License). Aquí se debe incluir la transferencia de tecnología a los grupos desfavorecidos, comunidades marginadas o países en vías de desarrollo, como medio de elevar su economía y su cultura, como manera de superar las brechas digitales.
-El artivismo. Acciones de net-art y arte digital con discurso hiperpolítico.
-El hacking contestatario. Prácticas de los hackers con conciencia social como sabotajes simbólicos, campañas de mail-bombing, infiltraciones en bases de datos de grandes corporaciones contrarias a los valores democráticos o la libertad de la web. (Esta es la práctica más delicada en cuanto a sus límites hiperpolíticos, ya que nunca ha de tener un carácter destructivo, ni llegar a un escenario de violencia)
-La E-democracia. Prácticas específicas de democracia participativa a través de la web (más allá del voto electrónico) en referéndums experimentales y consultivos por Internet.
Conocer constituye la primera fase. La serie de ideas debe ser ahora procesada, comprendida y asimilada. La verdadera acción comunal e hiperfilosófica toma lugar cuando el lector interesado procede a actuar, generar contenido creativo y compartir la información.
El primer paso hacia el nuevo orden es hacer de cada persona un ciudadano global, alguien con las mismas herramientas que tú, con el mismo acceso a la información, logrando que la reflexión, la propuesta y la acción, sean entonces decisión individual.
Romper la brecha digital que separa a muchos de este presente (utópico) es el trabajo más arduo. El poder encuentra su cimiento más grande en la ignoracia, pero permitir el acceso común a la información es el comienzo hacia una humanidad verdaderamente equitativa, justa y razonable.
Todos somos quitacolumnistas, o podemos llegar a serlo, incluso sin saberlo ni creer en ello. El quitacolumnismo es así, la conciencia rebelde del cambio en acción.
Imágen: (Jabier Villarreal, Raster2)
Extractos y reflexiones de: LA QUINTA COLUMNA DIGITAL, Antitratado comunal de hiperpolítica, de Cybergolem





















